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martes, 29 de septiembre de 2009

CRÍTICA - AMARAL - LA BARRERA DEL SONIDO

Rompiendo sus propias barreras

*****


Parafraseando al título de este doble disco en directo, es una buena idea empezar hablando de barreras. Sonoras, sociales, intelectuales y evidentemente artísticas. Barreras que la crítica musical especlializada de este país se niega a derribar en el momento en que las ventas de un disco se acercan o sobrepasan los cinco dígitos. Las mismas barreras que Eva y Juan han derribado, casi sin proponerselo, quince años después de aterrizar en el underground zaragozano.

Hacer un buen disco en directo es arduo. Lo ideal sería que trasladar las sensaciones, en este caso, las vividas en el inmenso Palacio de los deportes el pasado 30 de octubre de 2008 en un disco. Y eso, para bien o para mal, es imposible. Por eso no me gustan los discos en directo. Nunca hacen justicia. Con todo, es loable cuanto menos el esfuerzo de mircofonar uno de los pabellones más enormes de la capital, ceder, en la mezcla el protagonismo justo a las guitarras y a la batería, pero, definitivamente, el resultado final dista mucho de lo que vimos en directo.

Amaral tienen un directo arrollador. No es nuevo. Doce años de conciertos por toda la península legitiman tal contundente afirmación. Y quizá esta gira, con una banda de reconocido prestigio previo, es la que les ha dado mejores resultados artísticos y, sobre todo, una eufórica respuesta del respetable que, si bien no han colgado el Sold Out en todas sus citas, se han quedado cerca en un buen puñado de ellas.


Más que un mero ejercicio de exhibición sonora de los logrados directos de su gira Gato Negro – Dragón Rojo (llevan quince meses en la carretera), La barrera del sonido es la confirmación de un presente enérgico e inspirador. Su mejor momento, que, mirándolo friamente, no es más que el punto de partida de todo lo que promete llegar.

Este disco (y esta gira) es la despedida de una etapa de cinco discos que no volverán a retomar en el futuro. Lo han dicho ellos. Y mucho de eso hay. De las 28 canciones que se incluyen, 14 pertencen a Gato Negro – Dragón Rojo, y las otras catorce son grandes éxitos de su carrera. Números uno que forman parte (involuntariamente) de los oídos de miles de seguidores de variopinta condición.

Buena culpa de este fructífero momento sonoro la tienen Coki Jiménez (batería), Zulaima Boheto (cello), Enrique Mavilla (teclados) Iván González (Bajo) y Octavio Vink (Guitarra). Y Eva y Juan, evidentemente.

Quizá la gran pega del disco es basar casi todo el repertorio en sus cañonazos más conocidos. Tras el All tomorrow´s Parties suena Kamikaze, Tarde de domingo Rara, El universo sobre mí y Toda la noche en la calle. Y la tónica de estribillos radiables no para en todo el concierto: Marta, Sebas, Guille y los demás; Moriría por vos, Resurrección, Perdóname, Días de verano... Todo efectivo, pero previsible.


Se echan en falta más reconversiones de viejas canciones, que es cuando de verdad se crecen: Estrella de Mar y su potente corte Udosero; No sé que hacer con mi vida en clave texana o Cómo hablar únicamente a guitarra y voz.

Y no es por falta de repertorio. Entre sus firmas hay temones menos conocidos que apenas han tocado en otras giras como Confiar en alguien, Siento que te extraño o Tarde para cambiar y que contribuirían a fomentar esa credibilidad que los excépticos (todavía los hay) no quieren reconocer. Ahora bien, Servidor no hace los repertorios. Y lo que opinen los excépticos es, en cualquier caso, intrascendente, para ellos y para los 15.000 seguidores que presenciaron (amos) el concierto en vivo.

En definitiva, La barrera del sonido, sin ser un gran disco en directo (recalco la idea de que es prácticamente imposible hacerlo) será el perfecto entretenimiento para sus seguidores en el largo tiempo que Eva y Juan estarán fuera del circuito preparando nuevo material.

KIKE DEL TORO
FOTOS: JORGE PARÍS: (www.jorgeparis.com); MANOLO YERA (www.amaral.es).

lunes, 28 de septiembre de 2009

CRÍTICA - FITO & FITIPALDIS - ANTES DE QUE CUENTE DIEZ

Sólo un disco mas

** 1/2


Decía el otro día un compañero de la redacción que todo artista aposentado en la cumbre tiene derecho, al menos, a hacer un disco en el que se pueda repetir. Por la boca vive el pez no fue, literalmente, una segunda parte de Lo Más lejos a tu lado, pero sí una evolución a la enésima potencia de trabajos pretéritos. Y le salió bien. Muy bien. Su obra magna (con los Fitipaldis); eficaz, accesible, imprescindible... Uno de los mejores discos del rock español de los últimos años.

Quizá esa condición de clásico inmediato de su predecesor, perjudica demasié este nuevo disco de primeras. Pero, cinco o seis escuchas (atentas) después, Antes de que cuente diez aporta mucho menos de lo mismo. Fito Cabrales dió hace ya más de un lustro con su fórmula del éxito. En ella hay una mezcla de ingenuidad, naturalidad y tres acordes tontos que se reptiten hasta la saciedad y se reformulan de mil maneras pareciendo que cada vez que los escuchas es la primera.

Pero la fórmula tiene límites. Y Antes de que cuente diez, título del disco y homónima que abre el disco, es una premonitoria declaración de intenciones: “No tengo nada para impresionar. Ni por fuera ni por dentro”. Fito une un poquito de Acabo de llegar y otro poquito de Medalla de Cartón y el resultado es un efectivo single cañón para la radio pero previsible para sus seguidores, entre los que me incluyo.



El disco en conjunto es flojo, pero, como todo, tiene buenos y malos momentos. Los buenos: Catorce vidas son dos gatos es un baladón marca de la casa, La cuisine de Bernhard (instrumental), aún recordando a Por la boca vive el Pez (en conjunto, en concreto a Donde todo empieza) es la mejor del disco. Y Qué necesario es el rock and roll, como no. Sólo por el título, pero también por sus perlas: “tengo el defecto de sonreir... sólo por no estar muerto”.

En el cupo del coñazo puede meterse Tarde o temprano, que, en directo, será un cañón perfecto para presentar a la banda, pero en el disco a lo único que incita es a pasarla en el reproductor. Me acordé de tí tiene versos afortunados: “Hay un niño que se esconde siempre detrás de mí”, pero también un aroma a Knopfler, que, a estas alturas del partido, no es nada sorpresivo. Tampoco es que atine demasiado con Todo a cien, de La cabra mecánica, con los que compartirá la gira de este año.

El disco en sí da igual. Me explico. No dejan de ser diez canciones (una instrumental) que, sin aportar mucho, se incorporarán a sus conciertos de dos horas y media que abarrotaran los pabellones de las ciudades grandes y medianas. Todos las cantaremos y las terminaremos aceptando como parte de un repertorio plagadito de éxitos, algunos clásicos. Le pese a quien le pese, es un disco que da la excusa perfecta para salir de gira. Cosa que nos encanta, todo hay que decirlo.



Asumido esto, lo más decepcionante es que Fito no hiele la sangre con ninguna canción. No te haga parar lo que estás haciendo y que se te ponga la carne de gallina como con Donde todo empieza, Acabo de llegar, Sobra la luz, Como pollo sin cabeza o Abrazado a la tristeza (también versión). Está claro que es un disco infinitamente mejor que cualquier bazofia de las que programen las emisoras que harán que “Antes de que cuente diez” sea el disco más vendido de este año. Pero, a estas alturas, de un compositor brillante, se esperan cosas brillantes.

KIKE DEL TORO
FOTOS: http://www.elclubdigital.com; www.fitoyfitipaldis.com; FLICKR: NACHO CUBERO

martes, 15 de septiembre de 2009

CRÍTICA - MUSE - THE RESISTANCE

Tan complejos como la vida misma

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Hay discos que, desde el principio, tienen una clara vocación: unos; a la autodestrucción inmediata por su enfermizo contenido, otros; a la necesaria condena del olvido de los productos efímeros por necesidad, algunos; a ser altivamente elevados por los críticos y desgraciadamente ignorados por el público. Y, por último, unos pocos que consiguen alinear a los planetas y conseguir que talento y repercusión tengan una relación de primo hermano. The resistance, nueva obra (llamarlo disco es casi una ofensa) de Muse, sube todos los escalones del tirón y se eleva él solito y sin ayuda al olimpo de las escasas joyas del arte del siglo XXI.

Muse han conseguido, con poco más de 30 años, llenar estadios. Pero hay una diferencia colosal entre los motivos por los que 50.000 personas van a ver a Muse, a U2 o a Madonna. Ellos no son telepredicadores ni líderes de ninguna generación. Su grandeza reside únicamente en el mastodóntico talento que les ha hecho firmar dos obras maestras (esta y Black Holes and Revelations) , dos discos sobresalientes (Absolution y Origin of Simmetry) y uno generacional (Showbiz). Y ninguno es continuación del anterior.




The Resistance tiene los mismos altos y bajos que la vida de cualquier mortal: denso, complejo, excesivo, marciano, cargado de imágenes, profundamente cinematográfico. El disco empieza directo, energico, potente, como quien ofrece lo mejor de sí mismo en Uprising. Ritmo endiablado de batería, palmas y un épico sintetizador perfecto para levantar estadios. Un temón oscuro, contundente, de lo más accesible del disco que se empalma con el sinuoso ambiente inicial de The Resistance, colosal segundo tema. El Starlight de este disco. Los redobles se empiezan a oír a lo lejos y cada vez se acercan más. Con un puente puro Queen “It could be wrong” y un estribillo colorista y grandilocuente para terminar el tema con los redobles del principio, alejándose poco a poco.

La tercera es Undisclosed desires, que, siguiendo con el símil del desarrollo de la vida de un ser humano, simboliza (en forma de canción) esa decisión no acertada que todos tomamos en un momento dado de nuestras vidas, con un punto rebelde, anti sistema, innecesaria desde la perspectiva del tiempo pero obvia en el in situ, que te conduce a tu primera hostia con la realidad. Quizá esta sea la hostia del disco. Como la vida, The resistance tiene altibajos, momentos gloriosos y un desenlace en este caso, hiperprecioso.



United States Of Eurasia es esa bestia parda que es antónimo de cualquier atisbo de academicismo. Ese momento en el que te haces adulto y haces grandes cosas, pero todavía tienes modelos que imitas que te hacen demasiada sombra. En este caso, el modelo a imitar es Freddy Mercury, obviamente, pero el resultado final es notablemente lustroso. ¿Se puede conseguir que un piano con cadencia árabe suene psicodélico?. Muse pueden. No es Bohemiam Rapsody, quizá eso es tirar demasiado por lo alto, pero tiene una belleza incuestionable. ¿Meter una pequeña pieza de Chopin? Alguno pondrá el grito en el cielo, y no necesariamente un purista. Pero ¿Quién tiene cojones de hacerlo en la actualidad?

Con Guiding Light y Mk Ultra (nombre del experimento ilegal que Allen Dulles, director de la CIA, autorizó para llevar a cabo en secreto durante la Guerra Fría y que consistía en crear una droga que incitaba al sujeto a decir la verdad) son más accesibles. Menos originales. Mk es un cañón electrónico lleno de sintetizadores. Bellamy, Howard y Wolstenholme llegan a la madurez por la puerta grande. Asentados. Y aún quedan dos joyas antes de su gloriosa decadencia. La primera, Unnatural Selection, que es el tema en el que las guitarras (pelín olvidadas en conjunto) toman protagonismo. Redondo. La segunda, I Belong To You, que representa ese momento en el que se deshacen de ataduras y complejos y firman el preludio de lo que va a ser su más acertado registro. ¿el francés de Bellamy? (el acento, entiéndase bien, por favor) Arena de otro costal.




Y la madre del cordero. El eje central de este disco y, probablemente el motivo por el que existe The Resistance. Exogenesis: (Part I, II y III)

Overture es siniestra, misteriosa. El sosegado timbre de Mathew en clave operística es impresionante. Pura psicodelia. Uno se remonta a los años 60 y ve a Álex, protagonista de La naranja mecánica repartiendo hostias como panes a cámara lenta. Y uno no prodiga con la violencia, que cualquier ente superior me salve, pero la imagen puramente cinematográfica en la cabeza fascina. Uno también puede imaginarse a Bellamy cual demiurgo en una de las siete maravillas del mundo cantando esta belleza.

El piano, aquí desasosegante, de Exogenesis II (Cross Pollination) nos lleva a 2001: Odisea en el espacio en su inicio para desembocar en un decadente ritmo de vals con la trasnochada, lúcida, quebrada y profundamente inspirada voz de Mathew que se hace cada vez más grande sin perder la apocalíptica, axfisiante, incómoda sensación que está elevando la canción al cielo. Y vuelve la calma. Pero la sensación es igual de incómoda. La de un mal sueño.

Exogenesis III (Redemption) sería la música perfecta para que sonara en tu funeral. Esperanzadora pero triste, musical reflejo del universo que nos rodea. Perfecta para repasar tu existencia en diapositivas. Y para entender que, la vida, igual que este disco, es absolutamente compleja e inspiradora.



Para quien esto escribe Muse han escrito el mejor disco del siglo XXI. Para muchos, es de entender, no lo será. De hecho, las críticas de los detractores están siendo terribles. Ahora bien. Es el único grupo del siglo XX y XXI capaz de hacer sombra a Queen. Y además, desde su condición de mainstream planetarios, han firmado una de las idas de olla más sobresalientes de la historia de la múscia. Y eso, hoy en día, no lo hace nadie.

¿Mi consejo? Obvia todo lo que has leído en esta crítica. Hazte con él (de la forma que quieras) y escúchalo. Cualquier opinión de un crítico sobra ante tal experiencia sonora.


KIKE DEL TORO
FOTOS: http://www.myspace.com/muse

viernes, 28 de agosto de 2009

CRÍTICA - PEREZA - AVIONES

Lo más rock and roll de por aquí...

*** 1 / 2

Difícil. Muy difícil el objetivo de Miguel y Rubén en este disco. Desde que se lanzó Aproximaciones, Pereza han hecho más de 100 conciertos (el último en la sala Razzmatazz de Barcelona el diciembre pasado), han viajado a Argentina (experiencia de la que han sacado un CD + DVD - Baires - )y además han sido capaces de dar forma al disco que nos ocupa. Un álbum nada sencillo. Largo. 17 canciones. ¿Época de gloriosa inspiración? Quizás. Pero una vez escuchado e interiorizado no emociona (en conjunto, sí por separado) de la misma manera que otros trabajos suyos. ¿Malo? No. Ellos sólo se han propuesto hacer (o intentarlo, al menos) canciones buenas (y bonitas). Y lo han conseguido.

Ver a Pereza tocando delante de 18.000 personas en Las Ventas en junio de 2008 fue una recompensa emocionante. Para ellos y para quienes les descubrimos hace ya unos cuantos años en Siroco o en Costello. Nadie lo niega. Pero, con todo, Aproximaciones; notablemente elegante, distinguido y sincero, no era un disco para presentar en plazas de toros, en campos de fútbol o en los pabellones de las grandes ciudades, sino en salas acondicionadas para las exquisiteces del dúo. Aviones, lejos de ser un cambio radical, es la continuación lógica, llevada hasta el extremo y hasta cierto punto, un poco previsible, del paso adelante que supuso en su carrera Aproximaciones.

El disco se abre con Winsor, metáfora romántica de la filosofía de los de Alameda de Osuna. Hacen su particular (y enésima) oda a su adorado Madrid en Lady Madrid (valga la redundancia). Y les sale uno de los mejores temas del largo con un estribillo memorable. Que parezca un accidente (homenaje a Siniestro Total en el título incluido), que bien podría estar incluida en trabajos anteriores y no desentonar. O Backstage, que más bien aporta poco a su manera ya conocida de hacer canciones.

Pero cuando consiguen de verdad sobresalir es cuando se van hacia el extremo. Amelie tiene una irresistible sensibilidad especial. Es el tema más “bonito” del disco. Eso sí. Que no me maten los fans de Calamaro. Pero ¿era necesaria su participación en “esta canción”? Precisamente es esa candidez que ha adquirido la voz de Leyva la que da forma y dota de sensibilidad una canción inmensa que gana más sin la dureza de la voz del argentino al lado. Y vaya por delante que de un genio como Calamaro no voy a descubrir yo nada a estas alturas.

Rubén puede sentirse orgulloso de poner su voz en 4 y 26. O Champagne, el ejemplo perfecto del punto en el que se encuentran sus autores. La letra, explícita hasta decir basta retoma el espíritu fresco y deshinibido de su Animales y la música se amolda a sus nuevos gustos folk de melómanos con miles de discos en sus estanterías.



Por momentos, da la sensación de que algo ha hecho click en el cerebro del dúo. No es un álbum demasiado optimista. Es nocturno, pero no eufórico. Triste. En la linea de Damien Rice (salvando las distancias). Un disco de bajón, para escuchar de madrugada. Y precisamente por eso, contiene perlas como La chica del Tirso, de inicio inolvidable o El día que no pueda más, con piano y cuerdas perfectamente empastadas. Y Leyva cantando a corazón abierto. Sin excesos. O Llévame al baile, perfecto fin del disco. Mano a mano emocionante entre los dos y, con la mencionada anteriormente, los mejores temas de Aviones.

Rubén y Leyva se esfuerzán por huir de la obviedad y las canciones inmediatas, sin perder por ello algunas de sus clásicas señas de identidad. Se les ve voluntad de hacer buenas canciones. Y de veras que, por lo menos hasta en siete u ocho ocasiones en este disco lo consiguen. Son dos de los músicos más sensibles y sobresalientes de su generación. Por su actitud, su sinceridad y por poder decir que han escrito ya un puñado (tampoco demasiado grande) de canciones que pasarán a la memoria colectiva de la música de este país. Este disco es un paso más. De hecho tiene alguna de las mejores canciones de su carrera. Pero es demasiado largo, extenso y denso como para mantener el nivel en las 17 canciones.

KIKE DEL TORO
FOTOS: http://www.pereza.info

jueves, 13 de agosto de 2009

CRÍTICA - SIDONIE - EL INCENDIO

En el jardín de los lirios en flor...

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Llevamos tres días con una ventana del ordenador abierta de forma permanente escuchando los nuevos temas de Sidonie. El trío catalán ha firmado uno de los mejores discos del pop nacional de este año. Quedan muy pocos días para el 18 de agosto, día en que saldrá a la venta este trabajo y desde aquí te hemos querido contar lo más pronto posible nuestra opinión sobre El incendio. Por Facebook dicen estar muy nerviosos de la reacción de sus seguidores. No tienen por qué.

Hay un momento que algunos frívolos llaman madurez en el que dejas de hacer aquello para lo que siempre crees que has despuntado y te limitas a hacer únicamente lo que te apetece en cada momento. Para poner en práctica esto en el mundo de la música, se necesita un rodaje (a veces más cualitativo que cuantitativo) y un rico proceso de investigación, apasionante y atractivo tanto para el músico como para el seguidor. Lo bonito es que éste no terminara nunca, pero a veces llegan discos atemporales, vigentes, de esos en los que da la sensación de que todos los pasos que el grupo ha recorrido a lo largo de su trayectoria le han conducido a ese precioso y glorioso momento.

Sidonie han conseguido llegar a este punto de calle con este disco. Marc Ros, Alex Pi y Jesús Senra parecen haber dejado atrás la pretenciosa psicodelia que marcó entregas pretéritas y que les dió esa identidad reconocible en el estudio (nunca rematada en los conciertos) y han profundizado en el sonido mediterráneo que coronó a Costa Azul como su mejor disco, hasta entonces.

Sidonie, por encima de etiquetas dandy-escas, es sinónimo de rock and roll. Y lo demás son cosas del pasado que configuraron su evolución, pero que ahora sólo pueden distorsionar la íntegra verdad de un grupo que no sólo se ha reafirmado con El incendio sino que se ha hecho más grande. El trío, otrora pretenciosamente superficial se ha entregado a sus instintos más naturales y han firmado un clásico inmediato que habla del tema más universal que hay: el amor.

Desgranar El incendio es jodido. Muchos son los detalles en los que nos podemos perder: esa obsesiva y enfermiza letra de La sombra, complementada perfectamente con un trepidante inicio a lo Knights Of Cydonia, arrolladores pianos épicos y oscuros juegos vocales. Un día más es una modélica pieza de pop vocal ye-yé con un gusto exquisito. Quizá desconcierta un poco esa oda a la incerteza del futuro que es Algo nos pasará o Por ti, (aún no le he podido pillar el truco – buena señal que no todo el disco sea tan accesible) pero retoman el pulso (y de qué forma) con esa vacilada rockabilly: Viva el loco que inventó el amor.

Las irresistibles trompetas iniciales de A la vera del mar nos transportan momentáneamente hacia el Nino Bravo más lúdico (coño, también hay que reivindicarlo) mientras damos un paseo por la arena del Mediterráneo y nos perdemos en el jardín de los lirios en flor. Al viento, con ese hammond introductorio a lo Hellville de Luxe es una preciosa, triste canción con una guitarra acústica tan elemental en sus acordes como difícilmente olvidable (la mejor cualidad de los verdaderos maestros – Dylan, por ejemplo).



Si la obviedad de retomar algunos títulos para cerrar la última canción no es santo de mi devoción, nunca había tenido tanto sentido hacerlo como en El Adios, trasnochada y resacosa despedida de una colección grandiosa de canciones.

Y sí. El incendio. Que empieza suavemente para incorporar un jugoso juego de riffs de guitarra y estallar en uno de los mejores estribillos de los últimos años del pop español. Como el fuego, las guitarras van invadiendo tus oídos hasta que quedas absolutamente convencido de que nunca una carta de presentación había sido tan literal.

Lo más fantástico de este disco es que uno escucha estas canciones y desea inmediatamente que formen parte importante de la banda sonora de su vida.

KIKE DEL TORO
FOTOS: http://www.myspace.com/sidoniespace

martes, 16 de junio de 2009

crítica

ALIS – Cuando el sol nos de calambre

Sencillas y efectivas piezas de agradable música pop

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No es Alis un musicazo que destaque por su virtuosismo y tampoco un compositor de esos que hielan la sangre con la profundidad de sus letras. Pero tiene algo, difícilmente descifrable que lo distancia de la radiofórmula y lo erige al cada vez más reducido grupo de músicos-honestos-pop.

Si partimos de la premisa de que él mismo tampoco pretende hacer ninguna obra de arte (al menos de momento) es más fácil acercarse a un disco de pop sin concesiones, no demasiado ambicioso que entra bien y, curioso, se queda durante más tiempo del habitual en este tipo de productos.

Siendo sinceros, Alis lo tiene muy jodido. Si hay muchos grupos que encajan dentro de su sonido, pero no hay una masa suficiente de oyentes que respalden a solistas masculinos más allá del modelo latin lover o los vocalistas de grupos que emprenden su trayectoria en solitario.

Aun así, Alis nos regala diez canciones decentemente producidas por Cameron Jenkins que destilan sencillez, cotidianeidad y cultura en cada uno de sus versos, como demuestran las continuas referencias a sus gustos musicales y a personajes como el Sweny Todd de Tim Burton, a Buñuel, a Almodóvar...

Tiene buen gusto, huye de estructuras complejas (siete de los diez temas del disco tienen la misma duración) y, sobre todo, tiene una característica no muy común en la cultura pop de la última década: es un gran hacedor de canciones.

KIKE DEL TORO

miércoles, 13 de mayo de 2009

crítica

ROSANA - A las buenas y a las malas (2009)

Pequeñas pinceladas de un cuadro muy esperado


***** Innegable el talento isleño de la cantautora del buen rollo por excelencia. Ese vitalismo pop, agradable en algunos momentos y ligeramente empalagoso en otros, acarició el cielo y se estrelló contra el suelo en apenas un lustro.

Es un clásico decir que todo lo que sube, baja. El caso de esta vitalista mujer es un buen ejemplo de esto, pero aquí también podíamos decir eso de que, a veces, después de bajar, se remonta. Triunfar de la forma que lo hizo ella es una putada (1.000.000 de discos en España de su primer álbum), ella misma lo dijo. Quizá por eso ha habido que esperar casi una década para disfrutar de un disco entero de Rosana sin pasar canciones.

A las buenas y a las malas deja por primera vez de lado (solo por momentos) esa retahila pesada y mesiánica sobre el optimismo en forma de canciones y afloran (y de una forma muy bella) las canciones de una cantautora de raza (Sirenas de ciudad , Para nada o la inmensa Llegaremos a tiempo).



Han pasado los años y, probablemente, sus experiencias no son las mismas que hace tiempo. Se nota. Rosana ha grabado un disco de pop amable, preciso, y, sí, por momentos también bonito. Todo muy melódico y muy agradable, pero, por primera vez, no cansa.

KIKE DEL TORO
fotos: www.elinformador.com.mx ; www.taringa.net

miércoles, 6 de mayo de 2009

crítica

PASTORA - Pastora RMX ED

Pastora se reinventa y salen crecidos del intento


*** 1/2 / *****



Momento cuanto menos delicado de su carrera es en el que se encuentra el grupo catalán liderado por Dolo Beltrán. Ya se sabe es el momento de tirar para arriba o permanecer en el aburrido estado del estancamiento.

En esa endeble frontera que divide al mainstream barato y llenapistas de extrarradio por un lado y al indie despistado ávido de elegancia creativa por otro, surge Pastora RMX ED, un discazo de remixes que reestructuran los mayores éxitos de una carrera aún breve, pero siempre prometedora, arriesgada y singular. .

Y no, no es un disco de remezclas al uso. Sidechains y Cat Complex ponen toda la carne en el asador y consiguen mejorar alguna de las canciones originales, lo que ya de entrada es de apreciar. Invasión gana en intensidad, en psicodelia y electricidad. Cuanta vida es puro Fangoria, con ese estribillo grandilocuente y discotequero. Una mañana recuerda a los sampleados electro – pop de grandes figuras del género como Kylie Minogue (cuando se rodea de la gente adecuada) y Runner se asemeja por momento a los franceses de oro Daft Punk o incluso a Orbital.



¿Un paso definitivo hacia la electrónica? No se sabe. Este es un disco menor, o al menos así ha sido aceptado y concebido por sus creadores y por los medios. Pero, paradojas de la vida, es muy superior a Circuitos de lujo, su, por otra parte nada desdeñable, anterior trabajo.

KIKE DEL TORO

FOTOS: HTTP://WWW.HIPERSONICA.COM ; WWW.DESCALZOSPORELPARQUE.COM

lunes, 4 de mayo de 2009

crítica

ÁLEX UBAGO – Calle Ilusión

No sólo de ilusiones se vive


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Cierto es que este muchacho tiene difícil caer mal a nadie. Todos en su día nos creímos la historia de ese jovenzuelo en etapa pre adulta que escribía canciones de amor a su novia y de repente despachó un millón de discos.

La sinceridad y sencillez de sus letras se convirtieron en un rasgo de identidad que, todos esperábamos, explotaría en futuras entregas. Pero no ha sido así. Hablando en plata, Álex Ubago lleva haciendo lo mismo desde que empezó hace ya ocho años. ¿Eso es malo? No si las novedades al menos superaran el nivel de entregas pretéritas, pero Calle Ilusión es, en definitiva, mucho menos de lo mismo.

Dice haber experimentado con géneros nuevos como el reagge: hay que distinguir entre un mero rasgueo de guitarra y acercarse a un género de esa tradición. Dice tener letras más maduras pero su sencillo de presentación suenan perlas como “Vuelve, que el tiempo pasa y yo te echo de menos, en este punto te seré sincero y dejaré que hable mi corazón”.

En conjunto, el disco es una masa densa, dura y difícilmente digerible de pasteladas y pretenciosos cantos a la más despectiva obviedad que servirán de relleno para cualquier emisora ávida de nombres pero no de talento.



Hay que aclarar que no se le puede meter en el mismo saco que Bisbales y Luis Migueles, pero precisamente por eso, “Calle Ilusión” es un disco impropio de una persona con el talento de Ubago. Habrá que esperar una vez más ese disco de verdadero cantautor que lleva augurando toda la década.


KIKE DEL TORO


FOTOS: http://www.caratuleo.com/images/files/grande/52409_bio_-_alex_ubago_01.jpg; http://todaynewmusic.blogspot.com