Cinco verdaderos seres únicos
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VINODELFÍN – Sala Costello – 12 de noviembre de 2009

Marcos, Alberto, Fluren, Matías y Pablo son cinco tíos normales. De esos a los que ves pasar por la calle y puedes pensar tanto que trabajan en una oficina llevando café a sus jefes como limpiando las bujías del coche grasiento del taller de la esquina. Ésto suele pasar con aquellos tipos que tienen algo especial dentro de ellos pero no son conscientes de ello. Podemos decir eso de Marcos, uno de los frontman más pasionales e histriónicos que ha dado el simple pop en los últimos tres o cuatro años.
Es precisamente su característica personalidad la que llena de sensibilidad unas canciones sobresalientes en lo que a ambientes sonoros se refieren (ay Sodastereo, ay Radiohead cuanto bien han hecho a este quinteto), pero algo más obvias en las letras. Ese desnivel no se nota en el momento que los pies descalzos del vocalista pisan el escenario del Costello. También ejemplo de modestia es Fluren cuando deja que el sonido de las teclas simplemente se extienda por la sala. O Alberto, agraciado contrapunto vocal y perfecto ejecutor de punteos épicos (parece argentino).

Con todo, anoche no fue uno de esos conciertazos por los que se recuerda a Vinodelfín. Algo más fríos de lo habitual, menos diálogo y un sonido que no terminó de fluir en ningún momento de la noche. Suponemos también que no es una delicatessen enfrentarse a unos de los clubs de referencia en la capital a medio gas en lo que a asistencia se refiere. Pero, ojo, hay que decir que han tocado tres veces en Madrid en los dos últimos meses. Y viendo como están los bolsillos de los españoles, lo de anoche no les debería de preocupar lo más mínimo.
Arrancaron con La Nave, Más que una duda, Donde Irán y Nieve. Casi sin hablar. Una tras otra. Calentando poco a poco, la voz, las manos en sus instrumentos y también a los asistentes. El primer puntazo fue Amaros, en clave semiacústica, que no sólo es una de las perlas de Seres únicos. En directo, gana enteros con su estribillo tan coreable, tan épico, tan entrañable... Basta.

Las dos grandes perlas de su disco (junto con Mi Inspiración, que ellos deben de odiarla -no la tocan en directo - pero para quien firma es la mejor del disco) sonaron perfectas. Primero Caballo Soy, con la fuerza de toda la banda en primer plano en el estribillo. Y después Habrá salida, que va camino de convertirse en un himno personal del grupo ¿pretensión? Quizá.
Reconocer (previo cambio de vestuario por las condiciones climáticas – un calor de cojones, vaya-) intercaló las bases programadas con la fuerza de la batería para desembocar en el misterioso ambiente de locura que envuelve toda la canción. Y para rematar el primer bloque: Tobogán (que, definitivamente no hay color con la versión acústica – a pelo pone los pelos de punta-) y Mariposas, temón que inspira buen rollo de ese que se aguanta sin necesidad de vomitar por el exceso de glucosa y que tanta falta hace en según que paladares.

Para los bises, Marcos y Fluren se marcaron una delicada versión acústica de Espejos. Es flipante como un grupo que ha hecho del (exceso de) ornamento una de sus señas de identidad en sus producciones discográficas se desenvuelva tan bien cuando la voz y el piano son los únicos protagonistas. Para cerrar la noche, Seres únicos, que da título a su esperado – por ellos, sobre todo- segundo disco (y para sus fans, que tienen la paciencia de Job). Perfecta declaración de intenciones de unos músicos atípicos. Diferentes. Y, aunque anoche no dieran fiel muestra de ello, sobresalientes.
KIKE DEL TORO
FOTOS: RAMÓN MATÍAS















