ROSANA - Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid - 25 de septiembre de 2009
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La noche del viernes vivimos un concierto de puro rock con Rosana y su banda. Quien pensara que el show de la canaria es un concierto de una brillante cantautora -que lo es- con guitarra y voz se equivoca totalmente: estamos ante una potente banda de rock. Rosana congregó, según nuestras estimaciones, a 6.000 fieles en el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid y desgranó tema tras tema numerosas canciones de A las buenas y a las malas, su último álbum.
Se nota que el disco ya ha paseado por numerosos escenarios y, además, ella se complementa a la perfección con una abultada banda: seis personas en escena, entre los que destacan un interesante guitarrista y un potente corista. Rosana conecta con su público desde la primera canción y les hace vibrar: corean sus canciones, las bailan y, lo más importante, las disfrutan tanto (o menos) que ella misma encima de las tablas.

Tanta es la conexión que incluso se baja a mezclarse con sus fans mientras canta un medley con las canciones más conocidas de su repertorio: Talismán y A fuego lento. Mientras intenta explicar por qué puso a disposición de medio millar de parados unas entradas para ver su show (¿respetable, cuestionable, admirable?), el público ahoga sus palabras pidiendo que cante Si tú no estás aquí. Y se hace el silencio en el pabellón. Y desenchufa sus guitarras y su voz (potente, extraordinaria) ahora canta las estrofas solicitadas y se vuelve a hacer el silencio. El público ya estaba en su bolsillo; ahora también la tienen en su corazón: piel de gallina y algunos ojos brillantes.

Luego risas, risas y más risas; saltos, saltos y más saltos y sobre todo, muy buen rollo. Y como las sorpresas no pueden faltar: el periodista Juan Ramón Lucas, al escenario para acompañarla en un tema. En definitiva, ¡dos horas! -cada vez se estila menos- de música y de buen rollo.
Se nota que el disco ya ha paseado por numerosos escenarios y, además, ella se complementa a la perfección con una abultada banda: seis personas en escena, entre los que destacan un interesante guitarrista y un potente corista. Rosana conecta con su público desde la primera canción y les hace vibrar: corean sus canciones, las bailan y, lo más importante, las disfrutan tanto (o menos) que ella misma encima de las tablas.

Tanta es la conexión que incluso se baja a mezclarse con sus fans mientras canta un medley con las canciones más conocidas de su repertorio: Talismán y A fuego lento. Mientras intenta explicar por qué puso a disposición de medio millar de parados unas entradas para ver su show (¿respetable, cuestionable, admirable?), el público ahoga sus palabras pidiendo que cante Si tú no estás aquí. Y se hace el silencio en el pabellón. Y desenchufa sus guitarras y su voz (potente, extraordinaria) ahora canta las estrofas solicitadas y se vuelve a hacer el silencio. El público ya estaba en su bolsillo; ahora también la tienen en su corazón: piel de gallina y algunos ojos brillantes.

Luego risas, risas y más risas; saltos, saltos y más saltos y sobre todo, muy buen rollo. Y como las sorpresas no pueden faltar: el periodista Juan Ramón Lucas, al escenario para acompañarla en un tema. En definitiva, ¡dos horas! -cada vez se estila menos- de música y de buen rollo.
L.H.D.T.
Fotos: Ramón Matías





